Chávez es la marea roja en continuo movimiento

 

Caracas, 12 Abr. AVN.- Cuando alguien sube a la tarima principal de la avenida Bolívar, donde tantas veces estuvo el comandante Hugo Chávez para hablar con el pueblo, y ver su rostro multiplicado en hombres, mujeres y niños, entiende porque él denominó a esa concentración incontenible de fuerza y pasión, como una "marea roja".

Las cabezas y brazos de las personas vestidas de rojo se mueven en espirales que se expanden para coincidir y que de la misma manera se dispersan para llevar su energía a otro punto. La tarima permite ver estos movimientos que se repiten hasta el infinito, hasta ese lugar donde el ojo no llega pero donde los cuerpos sí.

Aunque la marea aparentemente está contenida por los límites de la avenida, su propulsión trasciende los límites físicos. Esta sobre la tarima, abajo, en los edificios de la Gran Misión Vivienda Venezuela que la custodian, en las sonrisas, en las lágrimas, en las risas, en el cielo caraqueño que parece aprisionado por la montaña silenciosa.

Este jueves, durante el cierre de campaña del candidato socialista, Nicolás Maduro, no fue diferente. El pueblo arropó todo lo que encontró a su paso y escuchó con atención al conductor de autobús que es el hijo de Chávez, es decir, el hijo del pueblo, y que ha jurado cumplir con su legado.

La familia del líder de la Revolución Bolivariana estaba allí hecha marea, con un Chávez que aún duele en el cuerpo pero con la convicción intacta y en apoyo a Nicolás Maduro. Igualmente los ministros, gobernadores, técnicos, periodistas, actores, miembros de Casa Militar, todos fundidos en un mismo sentir, entre risas y llanto, entre el amor y "el cariño doloroso", como escribe el poeta peruano César Vallejo en un verso.

Esperando a Maduro

En la tarima, que parecía un barco entre la marea, había 62 artistas, entre actores y músicos en apoyo a la Revolución Bolivariana y a su candidato. Uno de ellos, Pedró Durán, bromeaba mientras se paraba en un escalón donde se leía "Gobernador". Y es que así era, los creadores populares compartían las gradas junto con los actores de televisión y los gobernadores.

Mientras el cantautor Roque Valero interpretaba "no se puede despedir a quien no se ha ido" en una pantalla gigante Chávez saltaba risueño bajo la lluvia del cierre de campaña del 4 de octubre de 2012. Las lágrimas corrían por las mejillas y se fundían con la marea calentada por un tímido sol.

En un rincón, casi oculto, el cantautor uruguayo, Daniel Viglietti, hacía unos ajustes a su canción Bolivariana, dedicada a Venezuela. Su esposa sostenía un cuatro mientras él escribía nuevas estrofas sobre el papel.

La fuerza de Rodbexa se sintió cuando llegó a la tarima con el morral de Chávez a cuestas. "Venezuela dice presente, que haga una bulla el que apoya al Presidente", cantaba mientras que la multitud gritaba. "Cada mujer revolucionaria va a parir a un Chávez", dijo y la marea convulsa se movió en todas direcciones.

"Todos los barrios unidos vamos a cantar ahora" decía Son Madera Son mientras que en la pantalla el candidato socialista recorría las avenidas del centro de Caracas, cuyo cielo empieza a perder su color azul.

Al sonar la diana el temblor se sentía por todas partes. La marea fuera de sí, tanto sobre la tarima como debajo, se agitaba como cada domingo de elecciones en la madrugada. Esta energía era el presagio de otra que se liberará este 14 de abril.

Volar de pajaritos

Cuando ya es inminente que Maduro llegará, una niña con discapacidad visual agita su bastón y saltando de la alegría no deja de gritar "Nicolás, Nicolás". Su madre la abraza y llora. Juntas son la encarnación de la frase: "Se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas".

Al llegar Maduro pequeños pajaritos vuelan por toda la tarima. Antes de empezar su alocución la voz de Chávez, quien ha estado presente una vez más en este cierre de campaña, entona el Himno Nacional mientras la pantalla lo muestra. Las lágrimas corren una vez más y se diluyen con la marea.

Con la sencillez del pueblo, los hijos de Chávez y Adán, hermano del líder de la Revolución, secan su llanto para aplaudir a Maduro y brindarle su apoyo, desde el sincero corazón del pueblo.

Diego Armando Maradona, el 10, con la concentración del director técnico durante un partido de fútbol, mantiene sus manos atrás y con suma atención escucha a Maduro.

Entre la marea roja ondean banderas de Argentina, Cuba y Líbano. Además hay mensajes de solidaridad de Colombia, Palestina y de los países árabes. La integración impulsada por el presidente Chávez no conoce oceános y los pueblos del mundo también se hacen marea.

Esta vez no llovió como aquel 4 de octubre, sin embargo, la vitalidad y energía de esa marea llamada Hugo Chávez que nos sacudió a todos y que nos sacó de esas aguas mansas en las que estábamos sumidos, no descansa.

FIN/AVN/NGM

12/04/2013 - 01:10 am