Daktari: emboscada paramilitar superada por la Revolución Bolivariana

Contra el olvido está la memoria colectiva del pueblo venezolano que no ha olvidado ni olvidará jamás uno de los más siniestros planes de la oposición golpista para asesinar el 9 de mayo de 2004 a Hugo Chávez, utilizando una horda de paramilitares colombianos.

Fue una operación fríamente calculada por la miseria humana que corroe la mente de esos vende-patria, entre cuyos objetivos, además del magnicidio del comandante-presidente perseguía la destrucción de la Revolución Bolivariana.

De ese proceso libertario inédito y pacífico, que trascendió la frontera venezolana hasta alcanzar a toda América Latina y el Caribe para hacer realidad el sueño de Bolívar, el de la integración política, económica y social y que hoy está en marcha, como legado de unidad, amor y paz que dejó a sus pueblos ese gigante.

Y su máxima expresión lo constituye el Programa de la Patria 2011-2019 que en junio de 2012 presentó como Programa del gobierno que iniciaría a partir de su aplastante victoria del 7-10 sobre Henrique Capriles Radonski, candidato de la oposición golpista, pero que su prematura muerte le impidió reasumir la presidencia.

Un plan político, económico y social que se está haciendo realidad en la región el sueño de Bolívar con ALBA, UNASUR y la CELAC, y más allá, contribuyendo a la salvación de la especie humana ante la amenaza que se cierne sobre el planeta, en vía de extinción por la voracidad depredadora del desbordado consumismo del Capitalismo salvaje

Un proyecto que solo la visión de estadista del Comandante pudo vislumbrar y delinear, al establecer una serie de “grandes objetivos Históricos, nacionales, estratégicos y generales”, legado que antes de partir hacia la gloria y la inmortalidad, ordenó cumplir a su hijo, heredero político y legítimo sucesor, Nicolás Maduro Moros.

Por eso lo querían muerto, porque vivo no les convenía ni a ellos, ni a su amo, el Imperio, pues sabían que cambiaría para siempre las vidas de unos pueblos que vivían en medio de ignorancia, enfermedad, miseria y hambre, y por eso decidieron matarlo.

Lo habían intentado dos años antes, el 11-A, pero al verdugo encargado de perpetrar el magnicidio de ese gigante, le tembló la mano, por lo que, conscientes de su ineptitud y cobardía para hacerlo con sus propias manos, importaron una legión de sicarios colombianos de vasta experiencia en magnicidios y otros crímenes.

Estaban convencidos de que solo así , como dijo CAP: “hay que matarlo como a un perro”, o como recomendó un mejor conspirador que autor, al decir que bajo la mira del fusil de un francotirador” se podría acabar con su vida.

Todo ello porque era líder de un proceso que estaba llevando salud, vivienda, conocimiento, trabajo y otras mejoras económicas y sociales que garantizaban al pueblo una calidad de vida digna de la que careció durante siglos, y de la cual hoy sigue disfrutando, porque ese día, Chávez y el proceso se salvaron de la muerte.

Y hoy, a 9 años del fracaso de aquella conjura, el pueblo, que no olvida, alerta y vigilante, como el Comandante le aconsejó estar siempre, celebra jubiloso un nuevo aniversario del triunfo de la revolución sobre esa caterva de frustrados magnicidas que aún se lamen las heridas aún no sanadas del descalabro sufrido.

Porque, de haber triunfado sus planes, al segar la vida de Chávez en un momento en que su proyecto revolucionario no terminaba de consolidarse como lo está ahora bajo el liderazgo de Maduro, lo más seguro es que se habría derrumbado ante la falta de ese gigante.

Y es que su meta no era solo acabar con la vida del Comandante y sus colaboradores desatando un baño de sangre al bombardear el Palacio de Miraflores o el sitio donde Chávez se dirigiría al pueblo a través de su programa radiotelevisado, Alo Presidente, sino que además incluía la destrucción de la Revolución Bolivariana.

Y es que, de haber sido asesinado Chávez ese día, todos los proyectos y sociales dirigidos a cambiar el mapa político, económico y social de Venezuela y de la Patria Grande hoy no existirían.

Las misiones sociales, la soberana política energética, los organismos de colaboración e integración regional y muchos de los procesos revolucionarios regionales no se habrían dado si su creador e inspirador hubiese muerto.

Sin que quepa la menor duda, el pueblo de Venezuela y demás pueblos hermanos seguirían o habrían vuelto a ser víctimas de la voracidad del Imperio y sus lacayos.

Solo la intervención de unos servicios de inteligencia tan activos y eficaces como los venezolanos y una buena dosis de suerte, impidieron que se concretara la cobarde y vil conjura .

Centenares de vidas, tal vez millares, se habrían perdido, en aquella orgía de horror, violencia, destrucción y muerte organizada por la asesina oposición golpista que cegada por el odio y la ambición se vende como moderno Judas a cambio de un puñado de dólares al Imperio.

Pero, un golpe suerte, una llamada telefónica hecha por el conductor de una buseta llamado Fidel Castro, a su novia, quien a su vez llamó a Emergencia, -171- culminó la detención de los mercenarios.

La respuesta a la llamada de Emergencia fue inmediata. Agentes de la Policía Municipal, de la Disip y efectivos de la Guardia Nacional interceptaron el vehículo conducido por Castro y el de su amigo
que transportaba otros mercenarios, siendo todos detenidos.

Curiosa coincidencia originada por un homónimo que podría hacer decir a alguien, y no estaría mintiendo, que Fidel Castro venció a los mercenarios cubanos en Playa Girón en 1961 y contribuyó en 2004 a aplastar la invasión de Paramilitares colombianos en El Hatillo.”

El Fidel venezolano Había sido contratado bajo engaño por los conspiradores para trasladar a los paramilitares a su escondite, la finca Daktari, ubicada en una zona montañosa entre los municipios de El Hatillo y Baruta, propiedad de Roberto Alonso, golpista de origen cubano, ex convicto por tráfico de drogas y creador de las “Guarimbas”.

Se les había ordenado apagar las luces de sus vehículos en algunas partes del trayecto mientras eran seguidos por una camioneta, lo que despertó las sospechas de Castro que se comunicó a través de un celular con su amiga, diciéndole que estaba secuestrado.

Tras detener al “coronel”, como se hacía llamar Carlos Hernández Ayala, jefe del grupo de mercenarios colombianos, quien portaba una pistola 9 mm y al resto de los ocupantes de las dos busetas que vestían uniformes camuflados del Ejercito de Venezuela,

Los efectivos irrumpieron en las instalaciones de la finca,
capturando a decenas de otros mercenarios, que no ofrecieron resistencia y fueron traslados junto con los que ya habían sido detenidos en las busetas, a la sede de un comando militar.

Además de las detención de los 130 paramilitares practicada ese día se produjeron otras, entre ellas la del General Francisco Usón detenido el 22 de mayo en Puerto Ordaz, así como de otros oficiales y suboficiales de la Fuerza Armada Nacional.

Uno de los mercenarios confesó a las autoridades de seguridad del Estado que se habían entrenado y preparado para cumplir con una serie de objetivos terroristas, entre los que figuraban:

I.- “Asesinar al Presidente Hugo Chávez Frías.
II. Provocar enfrentamientos entre el Ejército y la Guardia Nacional
Para crear caos entre la Fuerza Armada Nacional.
III. Capturar aviones de la FAV con la intención de bombardear el
de Miraflores, los Comandos de la Armada y de la G.N. la sede
central de la Disip y el Batallón Ayala en Fuerte Tiuna.
IV Extender las acciones a Carabobo, Miranda, Monagas, Yaracuy
y Zulia, con ataques a las guarniciones militares existentes en
esos estados.
V Tomar instalaciones petroleras, eléctricas, de servicios, de
Alimentos, carreteras y autopista como parte del apoyo a una
operación militar que incluiría el bloqueo aeronaval de
Venezuela, con la participación de fuerzas internacionales.”

Entre los principales implicados en la conjura, de acuerdo con las investigaciones que siguieron a la captura del grupo paramilitar, figura un grupo de políticos, empresarios y el actor Orlando Urdaneta, el que dijo que sería muy fácil matar a Chavez, ya que para ello bastaba un fusil con mira telescópica.

PEDRO CARMONA ESTANGA, alias “Pedo el Breve”, cabecilla del golpe de Estado del 11-A quien durante su efímero mandato de 47 horas que siguió al derrocamiento de Chávez se autoproclamó presidente de Venezuela, disolvió los poderes públicos y anuló la Constitución, encabezaba la lista de los conspiradores facilitada por la Disip:

MARIA LUISA D CHOISSONE, directora ejecutiva del Bloque de Prensa Venezolana, a quien la Disip señala como autora del correo electrónico escrito en clave, que le envió una señora bajo el nombre de “Yayita” a Pedro Carmona Estanga, poniéndole al tanto de los preparativos de la acción de los paramilitares, era ella.

LILIANA HERNÁNDEZ, diputada de Primero Justicia, el partido político fundado por Henrique Capriles Radonski. La Disip la señaló como implicada en el caso de los Paramilitares por prestar apoyo a la incursión armada de los mercenarios.

GUSTAVO ZINGG MACHADO (antes Gustavo Quintero Machado) empresario del Zulia, quien según las autoridades participó en la
reunión de la quinta del Country Club de Caracas, donde se planificó un golpe de Estado y financió la estadía de los paramilitares en la Capital.”

La oposición golpista, que organizó y financió la acción invasora, negó cínicamente todas las acusaciones en su contra, como lo hizo con el golpe de Estado que asestó en abril de 2002, cuando dijo que no hubo golpe, que lo que existió fue “un vacío de poder.”

Y esta vez, no solamente negó su complicidad en la operación, sino que tuvo la desfachatez de asegurar, mediante una campaña desatada a través de sus cómplices, los medios privados , que se trató de “un show político de Chávez”, pese a todas las pruebas que evidenciaban que ellos eran jefes de Los Invasores.

Las investigaciones siguieron su curso, y después que varios menores integrantes del grupo invasor fueron liberados, en noviembre de 2005, unas decenas de los paramilitares capturados fueron condenados a varios años de prisión.

Sin embargo, en septiembre de 2007, en un gesto de magnanimidad agradecido por las autoridades colombianas y admirado por el mundo, Chávez, el hombre que 3 años y 4 meses antes esos asesinos habían tratado de matar junto con la Revolución Bolivariana, les concedió el indulto.

Pero ni eso, ni los constantes llamados a la paz, al diálogo, a la fraternidad, a la convivencia pacífica entre hermanos, que siempre hizo el Comandante y que hoy hace su sucesor, Nicolás Maduro, logran que la oposición golpista frene su irracional y compulsiva actividad desestabilizadora.

No importa, pues la Revolución Bolivariana sigue su marcha arrolladora, recordándole una vez más a esos traidores vende-patria, lo que El Hidalgo Caballero Don Quijote de La Mancha dijo a su escudero: “Ladran Sancho, señal de que avanzamos.”

Hernán Mena Cifuentes 13/05/2013 09:01
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