Diablos Danzantes de Turiamo: espantando al demonio del exilio

Caracas, 25 Nov. AVN.- Mueve los pies con una maestría tal que parece que flotara. Juan de Dios Mijares agita su maraca y durante el baile se tambalean en sus cintura 18 ruidosos cencerros que espantan al demonio; también resuena el cascabel que, al igual que su nombre, lo heredó de su padre, quien fuera en vida el tercer capataz de los Diablos danzantes de Turiamo.

Los turiameros, que colocaban sus coloridos trajes y sus máscaras para burlarse del diablo y rendirse ante el Santísimo Sacramento nueve jueves después del Jueves Santo, el 30 de marzo de 1957, fueron corridos de sus tierras por la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, para instalar allí una base naval.

"Cuando los sacaron lloraban porque tenían todo a la mano. Cultibaban arroz, maíz, granos, tenían el cacao, plátano, yuca y las salinas", dice Juan de Dios. Sin embargo, secaron las lágrimas y cargaron con sus santos hasta el Barrio 23 de Enero, el barrio El Recurso y La Coromoto, en Maracay, estado Aragua, donde se instalaron con sus manifestaciones, no con poca resistencia de un sector católico de la localidad que despectivamente los llamó "indios".

Con las maracas, instrumentos heredados de los pueblos originarios, los Diablos danzantes de Turiamo resistieron mientras las batían en sus manos por las calles del 23 de Enero, del barrio La Coromoto y de El Refugio.

El investigador Roberto Correa se remonta a las raíces de la fiesta en honor y alabanza al Santísimo Sacramento, en Bélgica, en 1230. Vincula la manifestación con el chamanismo indígena y deja abierta la posibilidad de que exista alguna relación entre los diablos danzantes de Venezuela y las antiguas cofradías y sociedades secretas del África negra.

La fiesta

Un mes duran los ensayos de los promeseros que bailarán por primera vez, y el miércoles, a las 8:00 de la mañana, en la víspera del día de Corpus Christi, empiezan a montar el altar del Santísimo Sacramento. Un cohete en el cielo avisa su instalación. Luego, el primer capataz santigua a los nuevos danzantes, hacen un sancocho y el velorio se extiende hasta el amanecer.

A las 7:00 de la mañana del jueves caminan del 23 de Enero hasta La Coromoto y, en la casa de la rezandera Reina Faneites, se alistan. Se colocan sus trajes realizados con telas estampadas y de colores llamativos y cubren sus rostros con las máscaras, ya no de totuma y coco seco como lo hacían en Turiamo, sino de cartón y alambre, que ayuda a soportar el calor que arrecia en la ciudad de Maracay.

"En el momento de colocarse la máscara, el promesero danzante manifiesta un cambio de actitud. Refleja euforia, acompañada de una fuerza física manifestada en la virtuosidad y destreza de la danza", apunta Correa.

Juan de Dios Mijares se coloca una máscara que se asemeja a la imágen de un dragón, ajusta los cencerros en su cintura, pero además toma su mandador, una especie de látigo de cuero con un palo de madera, y su
maraca para emprender la marcha a la Iglesia y escuchar la misa con sus pares.

Llegan al templo bailando y se alejan de él moviendo los pies y las maracas. Son varias los bailes que ejecutan y los nombres de ellas salen de la boca de Juan de Dios Mijares como en coreografía: "La danza del caracol, la cruzada, la villana, la danza del mono, la danza del muerto. De las diabladas que existen somos la que tiene más danzas y el cuatro las acompaña".

El demonio del exilio

Juan de Dios Mijares asegura que fue por el siglo XVII cuando los diablos empezaron a bailar en Turiamo, por lo que tienen más de 300 años espantando al demonio, burlándose de él. Además, han pasado más de cinco décadas, desde el desalojo de la dictadura perejimenista, luchando con una fuerza diabólica no menos brutal: El exilio.

Unos 200 diablos danzan en promedio y cada año se suman más, sobre todo niños que desde muy corta edad se van enamorando con el baile. Así se reproducen los diablos danzantes y el fuego de la celebración crece, pero aún se siente la nostalgia por sus tierras.

"He ido a Turiamo a ver las ruinas de la iglesia, a ver la parte del cacaotal, las salinas, lo he recorrido. Quisieramos tener oportunidad nuevamente de visitar a esas tierras y si nos dan la oportunidad de trabajarlas, enseguida las trabajamos", dice Juan de Dios.

Antonio Barrios AVN 25/11/2012 11:11
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