La Operación Van Troi en el límite entre el documental y la ficción

 

Caracas, 09 Oct. AVN.- La historia de la captura de Michael Smolen, miembro de la misión militar de Estados Unidos en Venezuela, hecha por un comando de guerrilla urbana inspiró al director Mauricio Walerstein para hacer el largometraje Crónica de un subversivo latinoamericano (1975), en el que se muestra el espíritu combativo internacionalista de las fuerzas revolucionarias, el papel del Estado represor y la visión del militarismo estadounidense.

Esta cinta de 102 minutos narra cómo Robert Ernest Whitney, coronel de la Fuerza Aérea de EEUU, es capturado por la insurgencia venezolana que en solidaridad con un prisionero de guerra condenado a muerte en Vietnam, Nguyen Van Troi, deciden mantenerlo cautivo con el objetivo de realizar un intercambio humanitario y anular la sentencia.

Rodada en formato 35 milímetros, está película se basa en la "Operación Van Troi", llevada a cabo el 9 de octubre de 1964 por miembros de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) con el propósito de realizar una acción de impacto en el extranjero contra el imperialismo estadounidense.

El filme utiliza al inicio el recurso del documental de guerra y mediante imágenes reales denuncia los bombardeos contra el pueblo de Vietnam del Sur, con secuencias en blanco y negro sobre voces en off que narran los incidentes con la guerrilla, especialmente la voladura del puente sobre el río Saigón hecha por Van Troi, donde el objetivo era el secretario de Defensa, Robert McNamara.

 

La historia del género drama comienza con uno de los protagonistas, Robert Ernest Whitney,—interpretado por el actor mexicano Claudio Brook, quien trabajó con Luis Buñuel en Simón del desierto (1965)— a quien se muestra en su individualidad, como agente secreto, leyendo de soslayo un material, el cual oculta a su familia con la que comparte un día de playa.

El otro protagonista y principal, por encima de Whitney y Van Troi (quien representa al elemento de verdad en la historia), es el comando de guerrilla urbana, el grupo en sí como unidad, como "subversivo latinoamericano", que narrará sus vivencias desde la ficción y es presentado en una operación encubierta en la que obtendrán el vehículo para la captura del oficial yanqui.

Más adelante se darán a conocer otros personajes intangibles, como el "Buró", autoridad moral y política que aprueba la acción para "romper la tregua" y las fuerzas represivas del Gobierno, representadas en su policía política.

Como parte de la narración, el filme también utiliza el recurso del testimonial en el que cada subversivo narra cómo fue su vinculación con el movimiento, en una secuencia que ilustra la composición variopinta de la izquierda en aquel momento, donde intervienen el estudiante revolucionario (Lucio Bueno), el campesino que tuvo que migrar a la capital a vivir en un cerro (Pedro Laya) y la mujer burguesa (Eva Mondolfi) que "le cayó a patadas al apellido".

 

Algunos símbolos también son presentados, como los cameos en bombas de gasolina donde se muestran las marcas de las transnacionales del petróleo y el sonido de la canción Bella Ciao, que ilustra el sentimiento de lucha contra el fascismo y anuncia la pronta separación.

 

El momento del rapto comienza a anticiparse con los preparativos, creando una expectativa en la que el espectador puede esperar un desenlace violento o no, contraste que sostendrá el suspenso hasta la secuencia de acción en la que el oficial es capturado.

Luego del plagio el "Movimiento Armado de Liberación" le notifica al rehén cuáles son los motivos de la aprehensión y lo llevan al departamento de un artista plástico (José Ignacio Cabrujas), donde permanecerá oculto hasta que se determine la negociación con Estados Unidos sobre la sentencia de Van Troi.

 

"Es un prisionero de guerra, su libertad depende de la libertad de otro prisionero de guerra, Nguyen Van Troi, capturado en Saigón después de atentar contra la vida de su jefe", le indica uno de los integrantes del comando guerrillero (Miguelangel Landa).

"Su país tiene 40 años de guerra con nosotros, no nos han invadido con marines, no nos han bombardeado, pero hay muchas formas de destruir un país", agrega.

La lógica irracional de la guerra es expuesta en el diálogo que sostienen ambos personajes, cuando el oficial estadounidense explica que "a un piloto no se le pide que bombardee Vietnam, se le pide que bombardee un mapa, un objetivo con un número".

 

Una vez anunciada la captura del oficial a la opinión pública comienza una espiral de suspenso que hará la situación más compleja debido al cerco policial y represivo que se cierra con allanamientos masivos, sin embargo, las fuerzas revolucionarias logran suspender la ejecución de Van Troi.

Durante la ola represiva uno de los miembros es capturado y disuadido para delatar a sus compañeros, sobre quienes recaen las pesquisas y deben debatirse entre desmontar la operación o continuar con el oficial cautivo.

Este filme contó también con las actuaciones de Rafael Briceño, Asdrúbal Meléndez, Julio Mota y Orlando Urdaneta; en la fotografía trabajaron el colombiano Leo Matiz y Abigail Rojas, la cámara fue de César Bolívar y el guión de Luis Correa, Mauricio Walerstein y José Ignacio Cabrujas. Actualmente forma parte de la filmoteca de la Cinemateca Nacional y también está disponible en DVD.

09/10/2014 - 08:38 am