El pueblo apagó las sombrías predicciones de los profetas del desastre

Hay profetas cuyas predicciones nunca se cumplen y aprendices de hechicero cuyas pócimas jamás surten el prometido efecto, como las de Freddy Guevara y Capriles Radonski que aseguraron que el viernes sus violentos tomarían Venezuela, y como las visiones y brebajes de esos charlatanes como ellos, su predicción no se dio gracias al accionar de un pueblo leal, que iluminado por la luz que emana del legado de Chávez continuado por Maduro, prosiguió su triunfal marcha rumbo al 30 de Julio.
La realidad redujo a las grandes multitudes que las torcidas mentes de ese dúo de golpistas vieron ocupando calles de pueblos y ciudades, a escuálidos y desesperados grupos de encapuchados que en los feudos de la oligarquía, cerraban calles en inútil intento por detener la revolucionaria avalancha humana que burlando sus barricadas tomaron otros caminos para llegar a los centros de contingencia y votar para darle vida a la Constituyente.
Ese día desaparecieron los violentos que durante 4 meses en las marcha asesinas quemaron seres humanos, lanzaron cargas de morteros, bombas molotov, incendiaron vehículos, saquearon comercios, destruyeron propiedad pública y privada y atacaron a los guardias y policías nacionales que los enfrentaron y derrotaron al frenar su accionar terrorista que segó decenas de vidas inocentes.
Y es que, lejos de cubrir todo el país, como predijeron además de ellos, Julio Borges, Ramos Allup y otros golpistas, solo aparecieron en los exclusivos sectores residenciales del Este y Sudeste de Caracas y en otras ciudades, abarcando un espacio muy inferior al 10% del territorio nacional donde sus vandálicas acciones fueron totalmente neutralizadas y decenas de ellos capturados por las autoridades.
Fue la última maniobra de la oposición golpista criolla dirigida a impedir la creación de la Constituyente convocada por Maduro ante la negativa de la MUD a su insistente llamado al diálogo, ya que su dirigencia insistió en su transitar violento que en los últimos 4 meses los llevó a desatar una brutal ofensiva para impedir su creación que dejó una sangrienta estela de destrucción y muerte.
Más de un centenar de víctimas fatales, una treintena de ellas quemadas vivas por los malandros contratados por la MUD que les pagó en dinero y drogas para perpetrar esos crímenes de lesa humanidad y otros que se mataron por mal manejo de las armas utilizadas, fue el saldo de esa inútil y final aventura golpista de 121 días, además de 1.400 heridos muchos discapacitados de por vida.
Una violencia que no es de ahora, sino que empezó desde el mismo momento en que Chávez asumió la Presidencia el 2 de febrero de 1999, pronunciando aquel histórico juramento que activó las alarmas imperiales dando a conocer que no iba a convertirse en otro vasallo más del Imperio como los mandatarios que le precedieron durante casi un siglo, diciendo:
“Juro delante de Dios, juro delante la Patria, juro delante de mi pueblo que sobre esta moribunda Constitución impulsaré las transformaciones democráticas necesarias para que la República nueva tenga una Carta Magna adecuada a los nuevos tiempos, lo juro”.
Era un anuncio, el adelanto del huracán revolucionario que iba a cambiar para siempre el rumbo de la historia de Venezuela, que arrasaría con el pasado de sumisión en el que la mantuvo durante 40 años la legión de vende-patrias, los traidores de la Cuarta República, pero también el inicio de la más brutal conspiración jamás desatada contra un Estado soberano, solo comparable a la lanzada contra la Cuba Revolucionaria por ese mismo imperio.
Las pérdidas materiales causadas durante esa larga noche de terror de casi dos décadas, son enormes, suman miles de millones de dólares, pero algún, más temprano que tarde, los centenares de genocidas que las causaron pagarán por ellas, por las vidas que se perdieron y por la rehabilitación de los heridos, una vez que sean juzgados y condenados por sus crímenes.
Y es que Guevara y Capriles no son los únicos fracasados profetas del desastre, ni exclusivos responsables de esos crímenes, lo son también EEUU, sus lacayos, gobernantes de Estados vasallos y ex presidentes europeos y Latinoamericanos y el resto de los apátridas como ellos que hacen vida en la MUD que apostaron a la toma, seguros que esta vez, luego de más de 18 años de fracasos se haría realidad su sueño de destruir la Revolución Bolivariana.
Son los que los medios mercenarios del Imperio llaman “la comunidad internacional”, usurpando su identidad, a pesar de que todo el mundo sabe que son una minoría que apenas tienen menos de un cuarto de la población mundial y su número es una décima de los Estados del planeta.
Invirtieron todo ese tiempo y una inmensa fortuna en la planificación y ejecución de ese diabólico proyecto conspirativo dirigido, primero a derrocar a Chávez, el supremo y eterno comandante y después que él partió hacia la inmortalidad y la gloria, a Maduro, su hijo político y heredero de su legado libertario
Utilizaron todos los medios a su alcance para acabar con el inédito y pacífico proyecto político e ideológico de un auténtico líder revolucionario, quien como Bolívar, su maestro y guía, dedicó gran parte de su vida a la libertad de Venezuela y a la integración de la gran Patria Latinoamericana y Caribeña el sueño del Libertador, secuestrado por el imperio yanqui.
Un golpe de Estado continuado, que comenzó con un sabotaje petrolero, acompañado de un boicot terrestre, marítimo y aéreo, que casi paralizó al país y robó la Navidad a la niñez venezolana; el golpe del 11-A que derrocó a Chávez, rescatado y restaurado en el poder en menos de 48 horas por el pueblo y la Fuerza Nacional Bolivariana, leales ayer al Comandante como hoy a Maduro.
Una invasión de mercenarios colombianos importados y pagados por la oposición golpista para asesinarlo, que fueron descubiertos a tiempo y que fueron perdonados en un acto de esa magnanimidad y nobleza que caracterizó siempre a Chávez y otras acciones desestabilizadoras que EEUU y sus secuaces criollos y extranjeros desataron durante los 14 años que el mandatario estuvo al frente del gobierno revolucionario que igualmente fueron derrotadas.
Pero aquel golpe de Estado continuado, tras la partida del Comandante siguió con igual o mayor intensidad su marcha, cuando Nicolás Maduro triunfó sobre Capriles en las elecciones del 14-A de 2013, ya que pensaron que aquel humilde Presidente-Obrero sería fácil presa de su conjura y al día siguiente de su victoria, una de esas bestias humanas le lanzó el primer zarpazo.
Fue Capriles, el candidato perdedor de siempre, quien el 15-A, quien cegado por el revanchismo y la frustración de su derrota, ordenó a sus seguidores a incendiar las calles en un llamado a la locura de la violencia, diciéndoles:
“Descarguen toda su arrechera en nombre de la paz”, y le obedecieron, asesinando a 11 venezolanos, dos niños y una mujer entre ellos; incendiando una sede del PSUV; asaltando varios Centros de Atención Integral -CDI- donde destruyeron valiosos equipos y poniendo en peligro las vidas de los abnegados médicos cubanos y venezolanos que allí trabajan y amenazando de muerte a familiares de algunos dirigentes revolucionarios.
Fue aquel el primer capítulo de una historia de terror que prolongó por más de 4 años, el tiempo que lleva el Presidente-Obrero al frente de la Presidencia, 51 meses y 17 días enfrentando exitosamente con estoicismo y valentía, de la mano del pueblo venezolano, una implacable y despiadada guerra económíca, política, psicológica, comercial, financiera y monetaria.
Le siguió al año siguiente la intentona golpista de La Salida de Leopoldo López, Antonio Ledezma y María Corina Machado, dos Judas y una Malinche, conspiradores de oficio como Capriles y Guevara, que como ellos fracasaron, dejando al paso de su aventura desestabilizadora 43 muertos, centenares de heridos y dolor y luto en el corazón de sus madres, padres, hijos, hermanos y demás familiares.
Y anoche se cerró el último capítulo de esa triste historia, el más sangriento de todos los escritos en esa larga noche de violencia de más de 18 años.
Fueron esos 4 meses que a partir de abril, cuando Maduro cumplía 4 años como presidente, el Imperio y sus vasallos volvieron a cubrir de luto a Venezuela con una ola de crímenes de odio como nunca había conocido a la Patria de Bolívar y de Chávez, pero como siempre, la Revolución salió triunfante
Fue una victoria anunciada, confirmada oficialmente anoche por la Presidenta del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, valiente y combatiente mujer revolucionaria, titular de ese poder moral quien durante años fue víctima de las más bajas mentiras y calumnias del fascismo que se niega a aceptar que los procesos comiciales organizados por el CNE son los más democráticos y transparente del mundo.
Fueron 8.089.320 los votos depositados equivalentes al 41% del padrón electoral. Dijo Tibisay.
Fue inmensa multitud de hombres y mujeres, jóvenes, adultos, ancianos, discapacitados en sillas de ruedas y con muletas, los que desafiando amenazas de muerte, torrencial lluvia y sol ardiente, caminaron por calles, avenidas caminos, trochas, atravesaron montañas, quebradas y ríos para cumplir con su deber de revolucionarios.
Celebran su triunfo, junto a ellos, la inmensa mayoría de los pueblos y gobiernos del planeta que hoy vieron cómo ese pueblo, en incontenible avalancha humana se levantó al toque de diana para dar vida con su voto a la Constituyente que ha abierto las puertas a ese proceso llamado a preservar la seguridad, la paz y la justicia que trataron de robarle el Imperio y sus secuaces.
Un pueblo leal al pensamiento de Chávez, que al votar ha pronunciado con su voz hecha millones, el mismo juramento que hizo el eterno y supremo comandante hace 18 años cuando juró delante Dios, de la Patria, y de su pueblo, “impulsar las transformaciones democráticas necesarias para que la República nueva tenga una Carta Magna adecuada a los nuevos tiempos”.
Y mientras Venezuela se prepara para esa nueva era, para el brillante porvenir que le espera a ellos y a sus hijos e hijas en el presente y las generaciones del futuro, arrinconados en el laberinto de su fracaso, el Imperio y sus vasallos criollos y extranjeros, los que pretendieron con sus conjuras destruir la Revolución Bolivariana, se encaminan hacia el basurero de la historia, que es su único destino.
Porque fue Chávez, convertido pueblo en mágica simbiosis el que espantó a esa bandada de buitres que pretendían devorar su magna obra, la Revolución Bolivariana al depositar en nombre del pueblo venezolano los millones de votos que abrieron las puertas a la Constituyente,
Y es que El eterno y supremo comandante, sabía, como lo dijo hace 5 años en Maracay el domingo 1º de julio de 2015 en Maracay:
“Chávez Ya yo no soy yo, Chávez es un pueblo invicto”,
Y ese pueblo fue el este histórico 30 de julio, convertido en Chávez depositó 8 millones 089 mil 320 votos de paz, amor y esperanza que lo llevarán al mayor grado de felicidad posible que solo puede brindarle la Revolución Bolivariana, el inédito y pacífico proyecto político e ideológico, magna creación de Hugo Chávez.

31/07/2017 - 10:46 am