Un viaje al abismo de Inglaterra

Caracas, 03 Ene. AVN.-

"Inglaterra es el paraíso de los ricos, el purgatorio de los sensatos y el infierno de los pobres". Esta frase del estadounidense Theodore Parker condensa la realidad que recoge el escritor norteamericano Jack London, quien escribe, convive y pasa a ser uno más de la Gente del Abismo, libro publicado en 1903.

London, como un moderno Dante, se sumerge en los círculos de un infierno terrenal llamado East End, ubicado en el este de Londres, lugar donde la miseria, el hambre y la desesperanza se amontonan como ladrillos en las estrechas y sucias callejuelas del barrio donde en otrora cometiera sus asesinatos Jack El Destripador.

Al narrador, en este caso el mismo London, le habían asignado en 1902 la cobertura periodística de la guerra de los Boers, conflicto entre Gran Bretaña y descendientes de holandeses en Sudáfrica. Esta misión fue cancelada, por lo que decidió quedarse en la capital de Inglaterra y así comenzar su camino hacia el abismo.

"No debe olvidarse que la época sobre la que escribo era considera en Inglaterra como de 'buenos tiempos'. El hambre y la falta de techo que encontré constituían una situación de miseria crónica que no se superaba ni siquiera en los periodos de mayor prosperidad", escribe el también autor de Colmillo Blanco, en el prefacio de esta edición publicada por la editorial española El viejo topo, disponible en Librerías del Sur.

Aunque este escritor, que publicó más de 50 obras, había trabajado como marinero, minero, obrero, corresponsal de guerra, e incluso había estado preso durante un mes en Nueva York por "vagabundo", al principio de su estadía en East End se había horrorizado ante tanta miseria. Sin embargo, páginas más adelante, confesará sentirse parte de la multitud que habitaba en la zona.

London, un socialista autodidacta, fue uno más de los indigentes que recorrían noche a noche el vecindario en busca de un albergue dónde dormir para burlar el hambre, el frío y la luz de las linternas de los policías que no les permitían resguardarse en los espacios públicos.

Describe además las condiciones de esclavitud que aún existían en Londres, la mala calidad de la comida a la que podían acceder los pobres, las condiciones infrahumanas en las que estaban los albergues para indigentes, el hacinamiento y la especulación en los precios de las pequeñas habitaciones que podían alquilar varias familias, además del desempleo y la prostitución.

En uno de los capítulos, London contrasta la opulencia de la coronación del rey Eduardo VII, en agosto de 1902, con la miseria que fue escondida para no afear el paisaje. Entre las anécdotas de ese día, resalta que después del ascenso del monarca, "era noche de gala para los sin techo" porque pudieron dormir en plazas y portones debido a que la policía estaba ocupada custodiando a las autoridades.

Sobre las ansias imperialistas y colonialistas del Reino Unido y la miseria dentro de sus propias fronteras, London explica: "...descubrí la descomunal insensatez que ha embaucado a los ingleses a participar en locas disputas y absurdas luchas, y la obstinación y terquedad que les ha ofuscado para perseguir el imperio y el esplendor; asimismo pude observar la inmensa y atroz estoicidad conque el pueblo lo ha soportado todo...".

Finalmente, y a modo de conclusión, el también autor de La llamada de lo salvaje, expresa que el Reino Unido en su afan colonialista "se ha convertido en un río de sangre derramada en vano", donde ha crecido tanto la corrupción y el desenfreno como un "East End enfermo y desnutrido".

London igualmente reflexiona sobre la mala administración de quienes detentan el poder y que colman ese paraíso para muy pocos, culpables directos de "cada vagabundo consumido, pobre demacrado, cada ciego, cada niño encarcelado..." que transitan y se condenan cada día a ese infierno de los pobres.

03/01/2012 - 12:03 pm