La violencia ya estaba en el gesto y aún no se escuchaba el discurso

 Comando de campaña de HCR

Caracas, 07 Abr. AVN.- Sus gestos violentos llegaron antes que sus palabras. En varias de las pantallas dispuestas a lo largo de la avenida Bolívar para el cierre de campaña nacional, aunque se veía a Henrique Capriles, no se escuchaba. Algunos, al darse cuenta del problema de audio gritaban: "No se escucha, no se escucha". Otros aprovecharon la oportunidad para irse y otros siguieron conversando tranquilamente.

En la pantalla se veía un rostro tenso, con una mirada penetrante y los ojos muy abiertos. Los músculos de la cara perfectamente delineados y en tensión; la boca estaba muy apretada y las cejas buscaban llegar a los párpados.

Capriles no se escuchaba, pero la gente aplaudía cuando el candidato derechista apretaba los puños con mucha fuerza. "Yo no lo veo pero le leo los labios", decía un hombre. "Hay saboteo", decía otro, mientras que uno de los encargados del sonido decía que era un problema técnico complicado de resolver y que él no era ningún saboteador. "Si alguien viene aquí a decirme cosas yo le voy a responder".

Una mujer de unos cincuenta años le decía a su amiga: ¿Viste? Cortaron la luz. Mientras que Capriles en las pantallas volvía a apretar los puños y a proyectarlos hacia al frente, como enfrentando a un adversario imaginario.

El sonido volvió. La gente gritó e hizo sonar sus vuvuzelas. Dos rubias, acompañadas de sus novios y de su padre, no podían esconder sus miradas de desagrado detrás de sus lentes de sol. El grupo se mantenía compacto para no recibir el influjo ajeno. Para ellos no hubo diferencia entre el silencio y el regreso del audio. Una miraba las puntas de sus cabellos, el esmalte de sus uñas y supervisaba que el anillo de oro de su anular no se escapara de su sitio, la otra se aferraba a su novio. Su padre caminaba ceñudo, de un lado a otro, con los brazos hacia atrás, como el capitán que presagia una tormenta que no termina de llegar.

"Vámonos, vámonos", decía alguien, mientras que otro le respondía: "Ajá, y ¿cómo salimos de aquí? Metros más allá un hombre alarmado decía: "A esta le robaron una gorra", mientras que la mujer aclaraba: "no es que me la robaron, es que Capriles lanzó una desde camión y me la arrancaron de las manos".

En lo alto de un montículo de tierra de uno de los edificios de la Misión Vivienda un grupo agitaba banderas con la leyenda "Hay un camino" y hacía sonar sus pitos. La cerca de seguridad de la construcción había sido derribada, al igual que la de otro edificio construido por el Estado venezolano que estaba más próximo a la tarima.

En otros de los edificios que se levantan a lo largo de la avenida Bolívar los obreros seguían frisando las paredes de los próximos hogares de cientos de familias venezolanas. Donde algunos destruyen, otros construyen.

La gente gritaba y aplaudía cuando el discurso de Capriles, acompañado ahora de sus gestos, se tornaba más violento. "Todo el que venga a chulearnos...", "Tú eres un vago, chico". Más cornetas y aplausos. "Basta ver a un trabajador para saber quien le echa bolas...". Más vuvuzelas.

Cuando se definió al país como una "hacienda" a la que administrará como presidente no se escucharon reacciones. Al igual que cuando habló de sus promesas, que conforman su plan de gobierno: dormir, tener la barriga llena y platica en el bolsillo.

La gente aplaudió y gritó cuando se refirió a la etiqueta utilizada en el acto de campaña con actores televisivos de la derecha "Yo soy Venezuela" pero permaneció en silencio cuando dijo: "Yo soy progreso", lema de la campaña pasada que se desdibujó seis meses después de las elecciones del 7 de octubre.

Después de hablar de "irse a la playa" con "platica en el bolsillo", ya sintiéndose más próximo a sus electores les dijo: "Yo los conozco a ustedes, a las 3:00 de la tarde se van a poner a celebrar" y dejar el trabajo de campaña de un lado. De nuevo nadie protestó ni aplaudió, como si el audio se hubiera vuelto a ir.

Lentes de sol y zapatos fluorescentes

En el calor abrazador de la Bolívar era difícil ver a alguien directamente a los ojos. Los lentes de sol protegían la mirada de casi todos los rostros. A veces parecía una playa, a veces una maraton. Ropa de deporte, pantalones muy cortos, zapatos deportivos fluorecentes. La moda tomó Caracas este domingo.

"Recógete la franela para que parezca bronceado de playa", le decía una mujer a otra, mientras que otra hacía un mohín de desaprobación al darse cuenta de que sus zapatos blancos estaban sucios.
"Tienes que lavarlos apenas llegues a la casa", le decía su madre.

La gente tomaba cerveza tras cerveza y compraba perros calientes, jojotos hervidos, granizados, frutos secos, franelas, gorras mientras esperaban "al flaquito". "¿Ya empezó a hablar?", preguntaba una muchacha sentada en el suelo. "No, todavía no ha llegado", le respondía una que estaba de pie.

"Te pintamos la bandera amiga", le dijo una chica con pintadedos en la mano a otra mientras buscaba su mejillas. "No, no, es que me eché protector solar ahorita y la pintura me hace mal en la piel".

Banderas de Venezuela, algunas con siete estrellas, predominaban. También se agitaban, y hasta servían de tapete para sentarse, las de Primero Justicia, Acción Democrática, Voluntad Popular y Bandera Roja. Las de la MUD surgían muy tímidamente de alguna que otra mano aislada.

Un grupo de monjas con la gorra tricolor se abría paso entre la multitud, mientras que en una tarima alguien gritaba: ¿Dónde están las mujeres de Henrique Capriles? Pasos más allá una señora se maquillaba para que "el flaquito" no la viera desarreglada.

En las tarimas los actores de la derecha que han manifestado su apoyo a su candidato eran los encargados de los discursos políticos. Jean Paul Leroux confesaba a través del micrófono que él también estaba soltero, como Capriles.

Mariangel Ruiz, otra actriz de televisión decía que había tomado el Metro y caminado para llegar hasta allí, aunque la pulcritud de su cabello y su atuendo parecían indicar lo contrario. Una vez que les mandó "un beso para todos" le pidió a alguien en la tarima que le tomara una foto. Al ver el resultado en la pantalla de su teléfono puso cara de inconformidad, probó varios ángulos, mientras Leroux seguía hablando, y finalmente ella misma se tomó la fotografía.

Mary Montes, periodista que también animaba a los presentes hablaba de las multas: "A veces pagamos más en el guiso que en lo que verdaderamente nos cuesta la multa". Además saludaba a la gente de oriente y del estado Vargas que estaba presente en esta marcha nacional de cierre de campaña.

Mientras transcurría la espera alguien avisó que Capriles estaba cerca. Un grupo de tres amigas emocionadas alistó sus teléfonos inteligentes para obtener la gráfica:

-Ahí viene, ahí viene. Mira qué bello, decía una.
-¿Viste a la tipa que se le guindó del pescuezo?, dijo otra.
-¿Lo viste?, preguntó una de ellas
-Sí. Que bello el flaco, dijo otra.
-Ya va, ese no era él, era Leopoldo, dijo la que le tomo la foto.
-Ah, pero igual, qué bello.

En la tarima una voz femenina para presentar al actor Rolando Padilla dice: aquí esta él con su cuerpo sexy, su abdomen plano.

Capriles pasa por toda la avenida Bolívar. La gente corre para verlo. Saluda mientras lanza gorras tricolor. Nadie le grita su nombre, solo suenan las cornetas y los pitos. Una vez que pasa vuela papelillo.

En un pendón en un poste de la Bolívar la imagen de un Chávez sonriente bajo la lluvia, el día de su cierre de campaña el 4 de octubre de 2012, que fue en esa misma avenida, protege del sol picante a dos muchachos.

 

 

 

 

07/04/2013 - 09:18 pm